El pozo de los ismos

De lo aparente e inevidente

De la trascendencia
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Los grandes escritores, en su mayoría, no tienen una vida personal ligera y disfrutable, pues de ser así no tendrían sus líneas el poder que logran alcanzar a costa de los bienes mundanos. Los exitosos en el amor, o preocupados por su llegada inesperada, a veces inoportuna, son los que rara vez trascienden al escribir. Esto, porque la felicidad es sólo felicidad, cuya tregua todos nosotros anhelamos, todos sabemos cómo será cuando por fin encontremos algo que llene ese nicho que tenemos en el alma y que a todos nosotros nos duele por igual. Pero el dolor tiene matízes inigualables, incomprensibles y puros. Son los débiles quienes caen en las garras feroces del amor y hoy me declaro uno de aquellos. Me declaro débil, inseguro e indefenso ante la tormenta imponente del amor o de lo que quisiera suponer que es amor, o lo que quisiera que no solo yo viera como amor. Me declaro listo para ser instrascendente y común tan solo para poder, una vez más, acercarmete.

Resultados de una clase sin atender.
[info]kraeugolnikov
Noche. Calle amarillenta, semi-oscura. Un café medio-frío, pastelillo de queso y frambuesa a medias. Risas desenfrenadas dentro del Café, pero yo me sente afuera y ahora inhalo los ruidos tardíos de la ciudad. Pasa un grupo de turistas siguiendo a una mujer vestida de negro, vestido largo con girones de tela colgando algunos y arrastrándose otros al seguir sus pasos a donde sólo ella sabe. Campanas anunciando las ocho de la noche. Diferentes iglesias, horas diferentes con diferencias de minutos. Un niño llora y lo callan. ¿Me da una cerveza por favor? dice alguien contando su anécdota provocando risas. Sangre de mi sangre y una mujer me ve sospechosa mientras saca un dulce de su bolso y lo inguye, masticando dichosa un chocolate hecho macizo que compró, a pesar de las palabras del médico y a nutriologa, a veinticinco pesos los cien gramos, que inguye dichosa con una cara de asombro por su aparente sabor a Glorias, que son en realidad otro dulce, mucho más antiguo, pero que sabe al chocolate que compró hoy.
La vieja que toma Coca-Cola a pesar de que no hay dinero y se queja que la pensión es una miseria y alardea que su hijo es ingeniero, que hace lavadoras en Mabe y se queja otra vez, pero porque por la méndiga crisis puede que lo corran, pues ya corrieron al hijo del vecino, que es su amante de antaño, el padre, digo, aunque es amigo del ahijado del primo del gerente.
La mesera que se acerca silenciosa por detrás me pregunta, cuidadosa, porque mis amigos dicen que soy bizarro, si estoy bien o quiero ordenar algo más, cuando sabe que el que ordena es su novio al que quiere un chingo aunque le pega y una vez. la primera vez, se la violó a pesar del griterio que armó y que asustó a la anciana vecina que no sólo tuvo miedo de salir a colgar sus sábanas, sino también de llamar a la policía, porque los puercos esos jamás hacen nada bueno por uno y nomas nunca llegan cuando se les necesita.
Y luego el hombre de truza blanca pasa corriendo, trotando frente a mi mesa, mía hasta que pague y me vaya y más me vale dejar propina, trota el tipo por aquí porque así descansa de los pensares del changarro, y la mujer, y los hijos, y la suegra, y la mujer, y el changarro, y el tráfico, que ya lo tienen hasta la madre y que sólo quisiera olvidar mientras trota, porque no tiene más tiempo suyo de él.
Y por fin, yo aquí, sentado de noche, en vez de trabajar, comer, dormir, pensar, jugar, correr, violar, leer, esperando la aparición de una musa, o la musa, o esa musa, o alguien aparte de los niños cantores del grupo de comedia musical, y aparte del cantante que canta mal que esta detrás del árbol que canta de cantantes y mujeres perfumaditas de veras y marineros que parece que buscan a las mujeres esas y ¡basta!

Conflicto
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Hay algo hoy en día (entre muchas otras cosas) que no entiendo. Esto es, ¿por qué es que los jovenes de procedencia extranjera en Estados Unidos (dígase de los jovenes que nacieron en el extranjero o cuyos padres fueron criados fuera del país) tienen tendencias tan fuertemente neo-liberales en el mal sentido de la palabra? Por ejemplo, un jóven rumano que "interpreta" a la caperucita roja como una batalla entre las fuerzas estadounidenses del bien y el oscuro poderío inferior del "socialismo" (soviético en dicho caso)? Me impresiona que la gente que en su esencia misma debe de tener otros intereses políticos, otra orientación ideológica, otra forma de pensar cae en el juego nostálgico de la cacería de brujas al puro estilo McCarthiano. Eso es lo que no entiendo. Pobres personas son estas sin un pensamiento crítico aparte del que les permite criticar e insultar a todo aquel que muestre tendencias de oposición al regimen o al pensamiento bipartidista del vecino del Norte.

Comunicado urgente del Comité Central en respuesta a una situación inprevista.
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(R. Stemenberg): Estimados camaradas, partícipes de la gran Nueva Revolución de Octubre Rojo, compañeros, miembros del presidio e invitados. Hoy nos hemos reunido aquí para recordar a una jóven, una niña aún, quien durante su vida no dudó en extender la mano amiga a un ser necesitado. Una mujer, quien a su corta edad ya conocía el sabor de la vida y podía distinguir no sólo entre grises, sino también notar el blanco y negro de nuestras mundanas existencias. Le cedo la palabra ahora al camarada Secretario General de la Primera Nueva Internacional, Matias Tuksedo.

 

(Aplausos. M. Tuksedo se detiene ante el micrófono)

 

(M. Tuksedo): Gracias, camarada Stemenberg. Gracias a todos los presentes. Seré breve. Es siempre difícil hablar de la muerte de una persona, sea esta productiva para el pueblo o no, sea un ciudadano que inspire el orgullo de los que lo conozcan o no. Hoy nos enfrentamos a un caso aun más extraordinario. El suicidio de una jóven activista, famosa en su medio por alzar la voz en cuanto algo no concordaba con su forma de pensar, o de ver la vida. Me es difícil a mí y a mis camaradas miembros del Partido Central el comprender un acto a la vez tan valiente y tan desesperado. A pesar de que no podemos ni queremos aceptar para nosotros ni para nadie una salida tan fácil de todos los problemas, una solución tan tonta a los problemas mundanos, extendemos nuestro más sincero pésame a la familia y amigos de la aún niña que tuvo que sufrir las consecuencias de su cabeza caliente. Descansa en paz, si es que por eso te fuiste. Gracias. Se cierra la sesión.

 

(Fuertes aplausos. M. Tuksedo baja del escenario)


Del regreso
[info]kraeugolnikov
Hace ya tiempo que no escribo en el blog. Se debe en parte a que no tengo el deseo íntimo de escribir en él. Se debe también a que no hay nada sólido que publicar. En todo caso, creo que me haré una promesa a mí mismo de publicar al menos un texto por semana. Publicaré a más tardar los domingos. No es, por supuesto, por ustedes que me comprometo de esta manera. Es, mejor dicho, un incentivo para crear. Me dí cuenta vívidamente que jamás seré nadie si no escribo, sea ficción o no, constantemente. Lo que menos quiero es que esto se vuelva un blog clásico, dedicado a mi vida diaria y mis vivencias personales. Si es que dichas vivencias aparecen repentinamente en este sitio, será porque de alguna manera esa ocurrencia me pareció más importante para mis potenciales lectores que mi vida en general. Tal vez algunas de las anécdotas me lleven a escribir un cuento o un pequeño ensayo a-la Montaigne. Espero, en todo caso, que esto se convierta en un espacio productivo, todo un medio libre de expresión, y no sea del desagrado absoluto del demos.

Change
[info]kraeugolnikov
Ultimamente no he escrito nada. Al menos no he completado nada. Tengo algunos bosquejos, algunas ideas, pero nada que pueda llamar un cuento. Lo que se ha convertido en uno es mi vida. Cada día me siento más extraño y extrañamente mejor. Estoy leyendo "Los Detectives Salvajes" de Bolaño y la segunda antología de Francisco Hernández. Mi introducción a la poesía por ahora no es muy fructífera, pero creo que con el tiempo agarraré forma. No es lo que me preocupa en este momento. Por primera vez en prácticamente un año puedo decirme feliz. Este viernes me despediré de un buen libro del buen Allen Ginsberg. Será regalado. Al fin estoy agusto.

California
[info]kraeugolnikov
¿Te quedan dudas acerca de la dedicatoria?

Me agarró de las orejas y me besó. Fue lo último que hizo antes de decirme que vive lejos y que no viene muy seguido. Después me puso un pedazo de papel con su número y su dirección extranjera, se dio la vuelta y se fue, dejándome ahí parado con el corazón palpitando como un escuadrón de infanteria corriendo hacia las trincheras enemigas y atravesando un campo minado lleno de cloro gasificado.

La vi por primera vez ese mismo día. Entró por la puerta del café dando pasos ligeros, con los lentes oscuros tapando sus ojos y mascando un lapicero. Traía a Roger Waters con su guitarra en el pecho y un collar con llaves y corcholatas colgando del cuello. Miro alrededor, atrapo mi mirada y se acerco sonriendo como todo una leonesa en cacería. Supongo que lo hizo al notar mi boca abierta las pupilas dilatadas. No es que estuviera yo muy drogado cuando voltee a verla, pero sí me alteré cuando se me quedó viendo a mi. Se sento al lado y apoyo su cabeza sobre la mano. Se quito sus lentes de diva y habló: "Hola. Me llamo Ivette". Obviamente la respuesta se tardo en arrivar y se oyo algo patetica: "Hola".  Balbucee un poco más antes de poder entablar una buena conversación. Le invite un café y salimos a la calle. Era verano y hacía calor, asi que su piel tenía un ligero brillo dorado en los rayos del Sol. La veía y me veía y nos regocijabamos dichosos en las miradas espontáneas e increíblemente sincronizadas. Me contó que tiene un pequeño perro enorme en casa que se encontró vagando por ahí y que su mejor amigo es un cubano que vive debajo de un puente. Luego se quedo callada un momento y añadio que no es un troll y que es un tipo de los más agradables. Su voz era una mezcla rara entre una sandia con toda esa frescura y azucar naturales y una mujer hablando. Mis oidos no reaccionaban ante el grito de las multitudes que pasaban a un lado y los automóviles que arrasaban con la tranquilidad matutina del centro. Solo la oia a ella y, más importante aún, la escuchaba.

 Llegamos hasta la parte más remota de la ciudad, a un pequeño tianguis de libros, donde el buen Horacio hacía guardia perpetua en busca de compradores para las rarezas con las que comercia. Ginsberg. Ivette. Horacio tiene la costumbre de no dejar de ver detenidamente a las mujeres bonitas, pero nunca lo había notado tan entusiasmado con una femina antes. Su mirada, de por sí perdida en la neblina de las drogas, desapareció completamente en el cabello negro y el pequeño hoyito en la mejilla que se aparece cada vez que sonríe Ivette. Su aroma superaba todo solo de guitarra en la cantidad de fantasías metasexuales que me pasaban por la cabeza.

 Todo ese día, a toda hora y en todo lugar, las ideas que nacían en mi cabeza volaban sin sentido ni razón en la cavidad que contenía mi cerebro. Es como si hubiera sufrido una lobotomía psicológica.

Ahora solo queda su aroma bombardeando mi olfato, su imagen inquilina en mi cabeza y la constante espera de alguna noticia suya que compruebe su existencia. Mi musa nocturna inexperta.


Leyendo a Ginsberg
[info]kraeugolnikov
¿Qué son los conceptos
cuando no hay mas conceptualidad?
Falacia post hoc
ad hoc
conposición.
No hay consistencia.
No hay energía;
                              sólo lentes a contraluz
                                                                        con gotas de por medio.
Un frágil hilo conector
                                        a la civilización
¿O barbarie?
Pulsos electromagnéticos.
Ondas radiofónicas.
Circuitos que las entienden.
                                                   Nosotros,
sin entender,
                        diminutos esclavos sin salvación
sin comprensión.
No más John Connor.
Ahora gobiernan las máquinas.
Fuera cerebros,
que vengan los microchips,
                                                   y más microchips.
Y así es siempre que se va la luz.


Algo sobre el fascismo.
[info]kraeugolnikov
El siglo XX fue marcado ante los ojos de la humanidad y nuestras futuras generaciones como el siglo del fascismo, el racismo, el antisemitismo, el exterminio de personas inocentes por el simple deseo de un maníaco todopoderoso. En 1945 terminó la Segunda Guerra Mundial, la guerra más aterradora que nuestra civilización haya visto jamás. Se organizaron los famosos Juicios de Nüremberg para entender qué hacer con los múltiples criminales de guerra detenidos. Muchos otros tuvieron tiempo de escapar. La mayoría escapó hacia América Latina y el Medio Oriente, así como el Norte de África. Casi todos fueron asesinados por Wiesentahl y sus cazadores, o bien secuestrado y llevado ante una corte en Israel por la Mossad. El siglo XX fue pintado de rojo sangre por culpa de unos cuantos, pero hay algo peor; también dejó en las condiciones perfectas una semilla de terror.
    En nuestro siglo XXI esa semilla empezó a germinar y es ahora, entrando a una etapa de la globalización en extremo alta, cuando podemos ver cosas coma la "Iglesia de Adolfo Hitler" o el "Partido Nacional-Socialista de México". Lo impresionante de estos fenómenos consiste en que al parecer sus creadores no se percatan realmente de los errores que cometen. Mexicanos (lo cual significa, por lo general, piel morena, ojos y cabello oscuros y la absoluta y definitiva falta de atributos arios) que glorifican a Hitler y su aparato mediático de antaño. Rusos (quienes son eslavos y, por ende, una raza inferior) decir que Hitler fue el mesías en su segunda aparición. Por supuesto, no podemos dejar afuera el magnífico "White Pride World Wide", un grupo multinacional de neo-nazis ridículamente insistentes que se confunden por sí mismos en la definición de "white". Yo, por ejemplo, tengo piel blanca y mi superficie pertenece al grupo caucásico, pero por otro lado, soy mitad judío por sangre, lo cual significa que ellos ya no querrán ser mis amigos.
    Nombre sólo 3 grupos de entre cientos de miles. No me importarían en lo más mínimo si no creyera que en realidad pueden tornarse violentos y peligrosos para la gran mayoría de las personas. La única forma de combatirlos es separándolos de la sociedad, sea esto a través de la muerte o del simple encierro. Me responderán que estoy siendo igual de radical que ellos y les contestaré que sí. Sí soy más radical que ellos en esta cuestión, pues tengo la firme creencia de que tales películas como "Historia Americana X", aún siendo buenas e interesantes, no relatan la realidad. Un neo-nazi radical no sale de la cárcel siendo una persona diferente y tampoco cambia por su cuenta en la comodidad de su casa. El neo-nazismo es la Nueva Peste Negra y como tal, debe ser exterminada desde sus raízes.
    Al ver a alguien portando una svastika - cuestiónenlo, haganlo perder la cabeza con sus preguntas de acuerdo al más puro principio Socrático. Háganlo sufrir por no entender nada de lo que dice. Ese es ya un primer paso.

¿Qué es el verdadero sauna?
[info]kraeugolnikov
  El sauna de Lev es pequeño, pero muy hermético y caben hasta 4 o incluso 5 personas. Al lado de la cabina hay una pequeña alberca sin techar y con agua bastante fría. No hay nada mejor que saltar al agua después de estar expuesto a temperaturas de hasta 90 °C, cuando el sudor empieza a quemar porque casi hierve. Flotando sin rumbo en la piscina y viendo el cielo nocturno a través de las hojas de un par de palmas tropicales, oyendo solo el ruido del agua dentro del agua, empiezo poco a poco a distanciarme del mundo y de mi vida, y de todo lo que me rodea. Me sumergo suavemente en la tranquilidad absoluta. Cada músculo de mi cuerpo esta relajado y listo para pasar a ser hipotrófico. Después, cuando siento que ya no hay nada más, nado un poco hacia la escalera de metal y, con el rechinar de ésta, me sumergo una vez más, pero ahora en el aire tibio del verano. Preparo una taza de té inglés con un aroma que no sabría describir y me siento en una silla cómoda y un poco fría en el borde de la alberca. Mi encendedor, como por arte de magia y como si no tuviera yo ningún papel en la acción, prende un cigarro atrapado por el filtro entre mis labios. El humo me atraviesa hasta llegar al centro mismo de todo y sale creando formas sin igual ni siquiera en la imaginación del más vanguardista de los artistas. Todo pasa casi en cámara lenta. Como si el anestésico que me dieron no fue lo suficientemente fuerte para dormirme, pero tampoco tan débil como para no dejar estragos. "Siento ahora," - dijo Dima, - "como si me hubieran pegado en la cabeza con un bate de beisbol. No sentí, como siempre, el dolor, pero tampoco me desmaye. Y me encuentro ahora en ese raro estado, una sensación de renacimiento. Este té es delicioso, más delicioso que cualquiera que haya probado antes. El humo de tu cigarro no me molesta ni siquiera sabiendo que no fumo".

  Y lo importante es, que lo entendí.


Ocurrencia
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Mi vecino colgó una bolsa transparente con agua en cada una de sus ventanas como medida de protección contra las moscas. "Qué estupidos humanos" - han de pensar las moscas. - "Tratan de defenderse de los extraterrestres y su control mental con eso, ¿o qué? Mejor no me acerco a la casa de ese maniático". Y es por eso que si ayudan.

Un par de ideas
[info]kraeugolnikov

Me topé hoy con uno de esos elaborados sitios específicamente construidos para atraer a las masas jovenes. «Adbusters Culturejammers Headquarters» se llama y vela por un mundo donde todo se pague al true cost. Esto significa en esencia, que todos los productos que hay actualmente en el mercado tendrán un costo adicional, basado en el daño al ambiente que deriva de su producción. Entónces, los juguetes chinos costarán mucho más que los nacionales y el maíz estadounidense y las piernas de Bush, afamadas y conocidas en la Rusia del banditismo noventero, serán más caras que las piernas de pollo y maíz producidos en México. Hasta aquí todo claro. Ahora bien, pensemos antes que nada en los productores. Las cosechas mexicanas que se exportan al norte muy rara vez son exportadas por el agricultor personalmente, pues la cantidad que el personalmente puede enviar es muy pequeña como para tomarse en cuenta por compañias transnacionales grandes. En un pueblo perdido, situado justo en medio de una gran mancha blanca en los mapas de carreteras, pues nadie ha ido a trazar los caminos, vive una comunidad de campesinos que siembran, digamos, tunas. El mercado más cercano está a unos 30 kilómetros y como es tan remoto este pueblo, no importa como irse, si en camión, carro o a patita, se llega al mercado en 10 horas. Por obvias razones, los campesinos están felices de vender su producto a quien sea y por el precio que sea, pues si no, no podrán pagar la luz (porque luz sí hay en el pueblito). Llega un día un hombre de mediana edad y bonitas ropas a ofrecerle a todo el pueblo una cierta cantidad moderada de dinero que llamaremos X. El pueblo acepta gustoso y el hombre se sube a su helicóptero y se va. Se va con toda la cosecha de todos los campos pertenecientes a toda la población del pueblito. Llega al siguiente pueblo remoto y compra por la misma cantidad X todas las tunas. Digamos que lo hace con 20 pueblos. Teniendo ya una cantidad de tunas equivalente a 20X pesos (digamos que serán Y toneladas), el hombre de mediana edad se convierte en un personaje sumamente interesante para los CEO's de las grandes fruteras transnacionales. Ellos lo contactan y le ofrecen 2000X pesos por las Y toneladas de tunas que tiene. Gustoso, el bien vestido extraño del helicóptero vende todas sus tunas. Ahí ya se gano el dinero suficiente para comprar 100Y toneladas de tunas más, o bien, un Mercedes. El hombre se hizo rico y los campesinos siguen sobreviviendo. Todos felices.

Ahora bien, imaginemos que los psicópatas del sitio mencionado llegan a hacer realidad sus planes maquiavélicos. Eso significa que la fruta extranjera se hace más cara para Estados Unidos, lo cuál significa que le compraran menos fruta al caballero que estrena su Mercedes, lo cual a su vez significa que no podrá comprarle fruta a todos los campesinos que se la vendían antes, lo cual signifíca que los campesinos no podrán pagar la luz y serán infelices. ¿Ven a lo que voy? No trato de defender el sistema actual. De hecho me parece sumamente malo; inhumano, pero de todas formas es mejor que la gente tenga al menos un miserable ingreso a no tener nada.

Transportemonos de los campos tuneros hasta las grandes ciudades. Como bien sabemos, la mayor parte de la gente que compra comida en los mercados pertenece a la clase baja o media-baja. La clase media, media-alta y alta prefieren comprar sus víveres en los supermercados. En los «tianguis» se venden verduras sembradas y cosechadas en tierra mexicana, mientras que en las tiendas como Wal-Mart (precios bajos, siempre) la comida tiende a ser importada. Según las reglas ecologístas de los autoproclamados adbusters, mientras más lejos esté el país de orígen, más caro será el producto en el destino final. Eso significa, que toda la comida importada subira de precio aunque sea solo un poco, mientras que la nacional seguirá siendo prácticamente del mismo. La clase alta se permitirá gastar un poco más en comida, pero probablemente no lo haga la clase media que de por sí está ya en vías de extinción. Los mercados y centrales de abastos necesitarán más comida aún para soportar la nueva demanda, lo cual significa que trataran de buscar nuevas fuentes de alimentos y, eventualmente, se toparán con los pueblos tuneros a los que ya nadie les compra frutas. Al estar lejos de la ciudad y tener un difícil acceso, el precio de las tunas subirá y así lo hará el precio de las tunas que vienen de otros lugares también. ¿Por qué? Porque los vendedores pueden subir los precios. Al subir los precios sin subir los salarios la cantidad de gente que vive en pobreza extrema se elevará catastróficamente.

A mi parecer, esta genial idea de los magníficos adbusters es simplemente una gran farsa, al igual que Invisible Children, que eventualmente nos pedirá dinero para acabar con la esclavitud de los niños de Alaska y la matanza de monos, murciélagos, gatos y perros en Asia. Digámosle «¡No!» a la manipulación de masas idiotas.


Ya no hay respeto...
[info]kraeugolnikov
"- Pues sí cabron. Me preguntan que si quiero hacer trío y yo ahí voy de pendejo y acepto. Puta, hubieras visto el lugar a donde me llevaron. Parecía el Neverland ese de Michael Jackson. Impresionante. Tenía miedo de tocar cualquier cosa porque ¿qué tal que me lo cobran luego como nuevo? Ni sé dónde está el mendigo rancho.

El vocalista gritaba “Love me one time baby and my knees gone weak…” con tal fuerza que parecía se le iban a salir los testículos por la boca, rozando en cámara lenta su barba de meses tan solo para darle un poco más de espacio para el aire que necesitaba para volver a gritar igualito. Le dí un trago a mi cerveza y miré con la pregunta en los ojos a mi vecino de barra. Él a su vez veía fijamente la mancha sin pintura que había en la pared agarrándose de la cabeza con ambas manos y tirando cenizas por todos lados.

- ¡Puta, cabron! Mátame si no me crees, pero tenían un tigre enjaulado en el dormitorio. – “pinches enfermos” rugía el tigre en su celda – Y en la cabecera de la cama había una víbora disecada. Así, enrollada. Parecía como sacada de zoológico. Viniendo de ellos no me sorprendería.

“I am the Lizard King. I can do anything.” – dijo el vocalista disparando a matar con los ojos. Regresó la peluca a su lugar y empezó a convulsionarse con los sonidos del órgano.

- No me jodas; ¡me pusieron una camisa de fuerza mientras estaba drogado! ¡¿Por qué una camisa de fuerza?! Te digo que están locos los dos. Hasta me taparon la boca con algo para que no se entendiera lo que decía. Digo tampoco era muy comprensible después de la cantidad de alcohol que traía en el sistema. Pero hasta se me quitó lo apendejado.

La banda se fue y ahora estaba un DJ de los poco conocidos en el escenario. Enchufó sus aparatos muy rápido y comenzó enseguida con un track raro, muy básico, pero que a pesar de todo y de forma inexplicable les sacó una sonrisa a todos. Todos nos reíamos como imbéciles sin razón aparente, mientras que el muchacho solo levantó una orilla de sus labios satisfecho.

- Cuando nos despedimos, ¡ella imploraba que me la llevara también! ¡Tenía miedo! Yo también estaba asustado. Hijos de puta.

Entre carcajadas, mi compañero de plática se paró en el taburete acabándose la botella trago a trago, ahogándose en tequila y riendo maniáticamente. La gente alrededor lo veía con ojos de presa de tiranosaurio, pero sin poder dejar de reír. El DJ movía las manos con una velocidad catastrófica encima de sus controles, el sonido reventaba los oídos, las luces las pupilas y en general el ambiente era un poco poco cómodo. El taburete cayó abatido por las danzas dementes del tipo loco, rompiéndole a este el cuello y matándolo instantáneamente. Lo único que quedó con vida fue la sonrisa en medio del caos.

Y todo acabó. Lo siguiente que recuerdo es estar en la ducha lavándome los dientes y sin la menor idea de cómo llegué ahí.”

- Pinche viejo loco.

The Amsterdamian
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Tras muchos años de desarrollo e investigación en el Centro de Investigación y Desarrollo Anti-Tabacalero (FUCKU por sus siglas en algún idioma) se llegó al fin a la construcción de lo que se hace llamar “Smoke n’ Go Station”, una de las invenciones más inhumanas jamás creadas por la mente europea. Consiste en una pequeña caja de cristal con ventilas poco notorias, puertas automáticas y mesitas con ceniceros integrados. Como era de esperarse, son estos los únicos lugares donde se permite fumar en los aeropuertos. En Schiphol (Shithole en su traducción al inglés), Ámsterdam, hay dos de estas cabinas de la muerte. Son fácilmente localizables, aunque invisibles al ojo del común usuario, desde lejos por el fuerte olor a tabaco que emiten. Desde los rincones más ocultos del aeropuerto llegan a estos dos puntos de reunión social todos los adictos normalmente rechazados en los lugares públicos y cerrados de prácticamente todos los países del mundo. Siendo un punto de encuentro entre culturas, no es complicado adivinar que los visitantes tienden a mantener conversaciones entre ellos. La forma más sencilla de empezar una es decir como que al aire pero viendo a alguien a los ojos que “este es el invento más inhumano que han desarrollado los europeos desde los campos de concentración”. Por supuesto, no puedo garantizar que después de un recordatorio tan abiertamente intolerante la gente reaccionará amistosamente. Lo más probable es que no lo haga nadie. Otra forma de hacer plática es decir que las no faltas de atención cabinas están hechas para obligar a todos a dejar de fumar. Enseguida por allá y por acuya aparecerá alguien que diga “I agree” o “Ja, voll”, o “Да пиздец бля” y entonces se podrá entablar una clásica conversación viajera con un par de preguntas como “¿y usted a donde va?” o “¿de dónde viene?”, o “¿son americanos, verdad?”. El caso es, que en estos pequeños puntos de a lo mucho unos 4 metros cuadrados caben más personas de lo que uno podría imaginarse. Una de las veces que me pare ahí a inhalar el humo y también hacer el mío (humo sumamente detestable, hecho con la quema de una mezcla de tabacos finos (eso dice la cajetilla), un filtro que no le quita el sabor a la mezcla de tabacos finos, un pedazo de papel que ya no es de arroz y un poco de silicón (para que se queme y no se apague)), pasó algo inimaginable. Entre, como de costumbre, con el cigarro ya en la boca, pues quedarse en la Station por tan solo un momento más de lo justamente necesario puede ser lo último que hagan en su vida, y metí la mano en el bolsillo para sacar un encendedor. Para mi sorpresa, no tenía ni uno. Para la mayor sorpresa desde que descubrí que Santa no existe, nadie tenía un encendedor a la mano.
- How is it even possible that a bunch of smokers can’t find a fucking lighter? Talk about luck, ha? – dijo un americano sonriendo nerviosamente y tratando, al parecer, de creer que todo es sólo una broma de mal gusto.
- Ich brauche ein feuerzeug! – gritó un alemán con odio en los ojos.
- Puta madre – me limité a decir yo.
Noté ahí toda la fuerza de mi espíritu, mi Triumph of the Will, cuando en vez de seguir gritando obscenidades, o condenando a Dios a muchos años de impotencia (si es que tiene con qué) me quedé callado esperando a que la Divina Providencia, maldita sea la hija de la chingada, nos traiga un encendedor o unos fósforos, o una lupa, o un par de palos secos, lo que sea con tal de prender un cigarro. Para mi suerte, o desgracia tal vez, tenía otras 4 horas libres, asi que en realidad podía pasar mucho tiempo esperando. Incluso podía echarme una siesta ahí mismo, pero entonces nadie respondería a mis gritos violentos y mis súplicas de regresarme mi dinero, pasaporte y mochila en caso de ser robados los objetos. Parado en un rincón había un árabe, hindú tal vez, de mirada no falta de razón y sabiduría riéndose de vez en cuando. Una de esas risitas burlonas, fúnebres, desagradables. Algo sabía el que no sabía nadie de los demás. Pase una hora leyendo a Romain Gary, pensando en una mujer tal y como lo hace el personaje del libro, pero por otras razones. De pronto la puerta se abrió. Como todo un rey entró un tipo de unos 24 años en silla de ruedas y empujado por su cansada musa. O su reinita, dependiendo del nivel básico de sentido común de cada quién. Los escuché hablar usando esos infinitamente innecesarios sonidos que solo los españoles usan en vez de “eses”. Feliz por haber encontrado al fin a alguien que habla mi propio idioma, pregunté si eran, en efecto, españoles.
- Casi – dijeron en unísono. – Somos de León, Guanajuato, pero por ser nietos de españoles nos dieron la nacionalidad.
- ¿Y a ti qué te pasó? – le pregunte al cojo sentado. Me contesto su mujer.
- Se rompió el tobillo jugando futbol y se arruinó las últimas dos semanas del viaje. Y a mí también, por supuesto.
Sacaron un encendedor y todos los ahí presentes soltaron un alarido de felicidad y alivio. El alarido se transformó en corrientes de humo que se estremecían en el aire inundando todo. Nos fumamos unos cuantos cigarros juntos y decidimos ir a la puerta de acceso del avión de una vez. Resultó, por cierto, que íbamos en el mismo vuelo a México. Descubrí ese día lo hermoso que es tener amigos discapacitados, aunque sea temporalmente. Fuimos los primeros en abordar el avión, los primeros en tomar Bailey’s y estoy seguro que incluso nos sentarían en primera o bussinnes class si lo hubiéramos sugerido a las autoridades correspondientes. De todos modos fue muy agradable ver como todos los demás nos echaban miradas de odio y envidia al mismo tiempo. No sé qué tan posible es eso. Tal vez un ojo envidia, mientras que el otro odia. Pero entonces, ¿cómo lo hacen los tuertos? ¿Será su único ojo lo suficientemente potente como para realizar dos acciones tan complejas al mismo tiempo?
Este fue el primer vuelo largo de los últimos años en el que al menos pude dormir. Alrededor de la mitad de todo el tiempo me la pase dormido. Definitivamente fue muy agradable. Conseguí mi equipaje de vuelta muy rápido y ni siquiera lo revisaron. El sistema aduanero en México es muy curioso. En realidad no tienen un sistema sólido de revisión. Se debe pasar primero por una banda de transporte con rayos X y después presionar un botón. Si se enciende una luz verde, se acabó la aduana, pero si se enciende una roja, revisarán todo el equipaje maleta por maleta. Me da la impresión de que la probabilidad de luz roja disminuye con el incremento de la cantidad de gente esperando. Les da flojera revisar todo. Yo, por ejemplo, llevaba unos 3 kilos de contrabando. En inglés se llama buckweed y en México no se vende. A pesar de su nombre no tiene que ver ni con dólares, ni con marihuana, ni con nada verde. Es simplemente un grano que se acostumbra comer en los países eslavos más que nada y realmente no tiene gran diferencia con otros granos como la avena o el trigo. El problema es, que los aduaneros mexicanos o no lo saben, o no quieren saber y disfrutan comer este mentado weed.
Otra de las pequeñeces que me recuerdan que estoy en México es el hecho de no poder llevar mi mochila en mis pies en los camiones que salen del aeropuerto a otras ciudades. Si me dejaron entrar con esa mochila al avión, ¿por qué no a un trimaldito autobús? Ni siquiera accedieron los guardias cuando les dije que traigo dos computadoras y me las “van a chingar”. En respuesta recibí un “entonces saque las computadoras”. Hijos de puta. 

Uno corto
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Al llegar a Alemania, inmediatamente me pegó el aire frío e increíblemente placentero después del asadero que me pareció la península Ibérica De hecho, ya sentado en el avión luego del suceso con la mujer infernal, pude ver como mi maleta junto con la mitad de todas las de los otros pasajeros era aventada sobre una línea de transporte y subida a los compartimentos destinados a albergar el equipaje por una señora o ni siquier señora, señoron, pues aguantar un trabajo así en un país donde nunca se mete el Sol es absolutamente impresionante. Aparte, ni siquiera se veía fuerte. Simplemente tenía ojos de asesina en serie, pero eso lo tienen muchos españoles. Es un pueblo fuerte después de todo. Despegamos y las ventanas se iluminaron de arena. Los alrededores de Madrid son en extremo áridos y, por ende, aún más fuerte es el pueblo español. El vuelo duro un buen rato. Al final, ya sobre Europa central, uno podía apreciar lo grande de los bosques que hay ahí. No sólo grandes, son aparte reales. Bosques verdes que tienen cientos e incluso miles de años. Alemania es así de boscosa en todos lados. Como decía, baje del avión y enseguida pude sentir el agradable frío del aire europeo central en la piel. El equipaje tardó, la peste fuerte que expedían los fuertes españoles me llevo a la semi-asfixia, pero resistí y sobreviví. Incluso alcancé a ver al alemán post-alcoholizado antes de irme. Nos sonreímos felices de estar en una tierra más conocida para los dos, nos dijímos Tschuss y nos fuimos en direcciones diferentes.
 Una de las cosas más interesantes de Alemania es, probablemente, la cantidad de etnias que conviven en el mismo territorio atraídas de maneras y por cosas sumamente diferentes. Por ejemplo, hay rusos y ucranianos y bielorusos y gente de la ex-URSS en general porque era muy fácil viajar a Alemania del Este en tiempos del muro de Berlin. También mucha de esta gente (o sus ancestros tal vez) estaban estacionados como militares o diplomáticos en la República Democrática y se quedaron cuando cayó todo el bloque soviético junto con su líder.
 Los turcos llegaron en grandes cantidades a Alemania recién terminada la Segunda Guerra Mundial. Eran traídos como reconstructores por el gobierno del país, pues a los alemanes por lo general no les gusta hacer el trabajo sucio.
 En general lo extranjero se ve en las caras. Los alemanes, por naturaleza más fríos, no expresan tanto las emociones. 

Acontecimientos aeropuertarios
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Llegue corriendo a la puerta correspondiente a mi vuelo, temiendo llegar demasiado tade y verla cerrada. Afortunadamente, la cola era aún grande, así que me pare hasta atrás y empezé a esperar. El ritmo casi melódico de la música en mis audífonos parecía en ese momento una marcha. Magistralmente elaborada y presentada, pero, a final de cuentas, una marcha. Movía los dedos tratando de seguir el sonido y creo que casi podía. De pronto, a lo lejos, acercándose lentamente por leer un libro se acercaba una mujer de unos 40 años y armónicas formas. Sin voltear a ver el mundo a su alrededor desfilaba sus atributos de una puerta de aborfdaje a otra y, por azáres del destino, se paró detrás de mi. Habermas decía el libro y "concentrancia" la cara de la femina. Seguí parado como si nada durante unos cuantos minutos más y la fila frente a mi comenzó su lento pero seguro avance hacia las entrañas primero, del túnel, y después, del avión mismo. ´Dí unos cuantos pasos guiado por la multitud enfilada y me volví a parar. La mujer se paró detrás de mí. Unos cuantos pasos cada ciertos minutos, cada vez más cerca de la meta y la posibilidad de relajarme en el incómodo asiento del Cityhopper y dejar mi mochila debajo del asiento delantero por seguridad mía, de los demás pasajeros y, en última instancia, de los miembros de la tripulación. El sentimiento de que algo cambió me regreso a la realidad. Ella ya no estaba detrás de mí. Ahora se posicionó justo al lado, pero igual de concentrada en su libro. "No pasa nada, pensé yo con inocencia, es sólo un pequeño error de cálculo". Nos quedamos parados unos cuantos minutos más, ella en su libro y yo en mis audífonos, y luego se volvió a mover la fila y la mujer volvió a caminar a la par conmigo y casi rebasándome. "¿Quien se cree? que por bonita no la voy a dejar pasar". Unos metros más y la tipa esta seguía haciendo lo mismo; me alcanzaba y no dejaba de intentar colarse en la fila en frente de mí. Mis pensamientos pasaron de ser indiferentes al grado máximo de la intolerancia. Estoy seguro que en casa me dirían algo así como "si no votas, - cállate" pero con la tolerancia. "Si no toleras, - muérete", tal vez. Por supuesto, tan fuerte era mi intolerancia en ese momento preciso, que la opinión pública era lo último que me importaba. Con ojos de odio buscaba su mirada, pero Habermas parecía ser más fuerte. Pasaron largos minutos hasta que por fin llegamos a una sección de la fila que estaba delimitada no sólo por las paredes mismas del edificio, sino por un barandal de cada lado. Le gané a ella el lugar. "JaJá!" - pensé entusiasmado por la idea de mi inesperada pero definitiva victoria. "¿Ahora quién rebasa a quién? ¿Ah? ¿No quieres contestar, verdad? ¿No te gusta perder? ¡Pues perdiste! ¡Já!" - y lo siguiente en el mismo estilo. Triunfante, me acerque al mostrador para mostrar mi pase de abordar y mi pasaporte, cuya foto no sonrió jamás como yo lo hacía en ese momento. Y de pronto noté una ligera discrepancia. Me sentí engañado, traicionado por la vida misma y por mi destino. Había DOS mostradores y el segundo ya terminaba de atender a esa mujer infernal y a mí aún no. Por verme más terrorista de lo común, tal vez. "¡Maldita seas, arbitraria femina de casco ligero!" maldijo mi mente y yo dije que sí. La seguí por el largo corredor y ví de lejos cómo empezaba a meterse cada vez más y más en la fila. Al menos ya no era yo la única víctima de su apetito socialmente inaceptable. Por fin olvidada la fanática de los Frankfurtistas seguí escuchando atentamente todo lo que me decían las canciones, canción tras canción. Me adentraba en el mundo de lo bello. Parado ya a las puertas del avión, preparándome para entrar y disfrutar de aproximadamente 3 horas de trbulencias garantizadas si las condiciones climáticas lo permiten, la ví parada, indefensa, buscando su pase de abordar y entónces, oh descaro y maldita seas, karma, le sonreí contento casi como lo estaría algún duelista después de ganar un duelo y defender su honor o el de alguna mariposa nocturna de apellido caro. Me tocó en medio de dos lugres que parecían vacíos. Extendí mis piernas lo más que pude por debajo del asiento delantero, subí el volúmen del reproductor y prendi la Sinfonía #9 de Ludwig van Beethoven en D menor, todo en preparación para un sueño saludable en una altura formidable. Pero al parecer, empezé a alegrarme demasiado temprano. Pisándome los pies y, al parecer, tratando de rozar mi cara con sus partes, un hombre viejo, grande y con una voz demasiado fuerte para ser contenida por su garganta, pasó a sentarse junto a la ventanilla apestando el pequeño avión de todo el alcohol que consumió, al parecer la noche anterior y el cuál, tal parece, era mucho. "No problemo" dijo el cerebro y se desconectó dejándome sólo con mis 5 sentidos activos. Al menos la música seguía ahí. Cerré los ojos adormecido para despertar tan solo 5 minutos después por un estornudo del maldito seas anciano y sólo para notar que esa mujer que no me dejaba en paz se sentó a mi otro lado. Rodeado por asientos, una nube de Schnapps, más asientos y mi archinémesis del día viví las siguientes 3 horas. 3 malditas horas. Y hablenme a mí de que el karma no existe. 

Las Portugalias
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 Portugal es un país de fumadores. En un café, en un bar, en cualquier lado; todos fuman. Todos fuman y toman cerveza. Porque hace calor y porque después de un buen cigarro se antoja algo para humedecer la garganta. De esta manera entramos a un círculo vicioso (o virtuoso tal vez) interminable. Incluso a veces da la impresión de que los niños en las carreolas fuman, pero seguramente no es humo, sino vapor lo que sale de sus pequeños habitáculos. En el centro de Faro todas las calles se concentran en la fortaleza, cuyo único atributo de fortaleza restante es una pared. Ahí adentro, al lado del eternamente cerrado museo de antropología, hay un lugar llamado Taberna y en ese lugar místico y maravilloso hay cerveza y mesitas en la calle con ceniceros para que la gente pueda fumar tomando. Esto, porque en Portugal las leyes son estrictas y no se puede fumar en lugares cerrados. Siendo, por otro lado, el país en cuestión como un pequeño México portugués, no hay realmente ningún problema con eso de fumar en lugares cerrados en los bares y cafés escondidos y desconocidos. La Taberna no es, por supuesto, uno de esos lugares. Por eso las mesitas en la calle.

            Todo un personaje honra el famoso bar con su presencia. Su nombre es Carlos, pero en portugués suo nome e [Karlosh]. En cuanto lo huelen los perros, lo empiezan a perseguir lanzando ladridos como pedradas, a las que huye los más rápido posible nuestro hombre. Porque cabe destacar, que sentado tras la mesa, con su bandana con la bandera brasileira, su camiseta sin mangas, su bronceado playero y barba corta, parece todo un latín lover y un hombre de a de veras, pero en cuanto se para y deja ver su pansa cervecera, luego-luego se le ven los años. Se dedica a impresionar a las jóvenes extranjeras con su inglés caribeño, unas copas de vino blanco (porque emborracha más rápido) y sus patentados besos en la mejilla antes de decir: “I’ll tell you one thing; Portugal is a country where…” - continúe como le plazca en vez de los puntos suspensivos. Luego se las lleva a quién sabe dónde y reaparece como si nada al día siguiente. Una vez, por ejemplo, lo vi hablar coquetamente con unos negros marroquís bastante sorprendidos justo al día siguiente de aplicar su formula maestra en una chica inglesa de cuestionable belleza física, suplida, sin duda alguna, por un fascinante mundo interior que es, a final de cuentas, lo único que busca nuestro Don Carlangas. El es, en definitiva, un solterón que sabe lo que hace. Es la verdadera mente, honor y consciencia de nuestra época.

Claro, no todos los habitantes de Portugal son tan progresivos como el antes mencionado. Existe la pequeña tribu de los mafiosos sicilianos o, en todo caso, parientes lejanos de esta. Son los pocos que usan pantalones largos y sólo parte de los muchos que combinan su vestimenta con unas gafas oscuras que les tapan media cara. También están los jóvenes rebeldes. Caminaba yo por la bahía principal de  Faro, rodeando la fortaleza y rodeado por las vías del tren, cuando de pronto sentí que alguien me gritaba específicamente a mí. En efecto, al voltear pude distinguir la silueta de un adolescente que me hacía señas y las reforzaba con un torrente de palabras en el idioma de los nativos. El quería un par de cigarros. Terminé regalándoselos y, al parecer, haciendo su día más feliz.

            Hubo también un tipo que se me acercó en la calle y me preguntó si traía 50 centavos. Acostumbrado a la forma de vida en países un tanto menos primer-mundistas, respondí que no:

 

- ¿Fumas? - me preguntó el extraño.

- Sim - contesté.

- ¿Querés comprar um coto?

- No.

- Bom. Chao.

 

Interesante, a mí gusto, la conversación que entablamos en esos segundos. Hasta la fecha no tengo ni la menor idea de que es un “coto”, aunque sí tengo la ligera sospecha de que tiene que ver con lo que en nuestro gran país se llama informalmente “café”, o, como en todos los demás países, “ganja”.

            En general calificaría la vida portuguesa tranquila. El clásico modus vivendi es un tanto rutinario, pero no por eso menos agradable. Por la temperatura atmosférica enorme, la gente tiende a tomar un par de cervezas y retirarse a casa a dormir o simplemente a descansar de u arduo esfuerzo en pro de la limpieza del universo de sustancias alcohólicas refrescantes y/o productos de la industria tabacalera. Claro, es difícil dormir con un calor tan impresionante, así que mucha gente se dedica a desarrollar acciones que no requieren de mucha labor física, como yo en este momento, por ejemplo. Ahora entiendo el afán portugués de conseguir una colonia en el continente americano. COM tanto calor y bochorno, ¿quién no querrá escapar? Qué lástima que hayan encontrado un lugar igual o incluso más caliente del otro lado del mundo para colonizar. Eso explicaría el por qué de la fortaleza de cuadros geopolíticos de Brasil. Para no cometer un error tan grande como el de sus ancestros del Viejo Mundo se han encaminado a estudiar muy bien la posición geográfica y los recursos estratégicos (tales como el clima y la cantidad de posibles futuros esclavos) de otras regiones del planeta. No me sorprendería que este gigante dormido del Sur no esté hibernando, sino solo echándose una siesta de medio día para recuperar fuerzas. Y luego “bam” y todo lo que sabemos hablar es brasileiro.

            Hablando de siestas, existe en Portugal toda una nueva raza de almohadas. En vez de estar rellenas de plumas, tal y como lo está la gran mayoría de las almohadas a nivel mundial, estas tienen pequeños pedazos de plástico duro por dentro. Son más pesadas que el promedio de otros países y también mucho más frescas. Dignas completamente de un programa “Mail Call” completo dedicado a este pequeño artilugio guerrero, porque si un almohadazo común duele, estos han de doler mucho más. Pobres de las niñas pequeñas que hacen pijamadas en sus casas sin tener almohadas especialmente blandas para los golpes. Por otro lado, dudo mucho que las niñas de Portugal organicen pijamadas. La piel propia del ser humano ya es lo suficientemente caliente como para sentirse en un sauna en este país. No quiero ni siquiera imaginarme cómo es dormir con una camisa y pantalón puestos.

            Otro de las cosas que le crece naturalmente a la gente es el cabello. En Portugal todos tratan de tenerlo tan corto como pueden y aunque las mujeres no están calvas por aquí, estoy seguro que lo estarán en cuanto esté de moda, porque las mujeres portuguesas siguen la moda, reduciendo la cantidad de ropa que usan y, lógicamente, de partes que quedan a la imaginación casi exponencialmente. Es bueno por eso ser un verdadero macho. Aparte de no tener que usar ropa interior ajustada, no tenemos que usar nada ajustado, dándole así una posibilidad mucho mayor al viento de refrescar todos los órganos que queden tapados del sol por la vestimenta. Claro, la vestimenta en estos parajes no es mucha. Si acaso aparte de usar un pantalón corto, americanamente llamado short, hay gente rara, extranjera normalmente, que usa también algo para cubrir el torso. Aunque entiendo que los extranjeros por lo general tenemos más cosas que cubrir (como la piel blanca o la extrema falta de músculos abdominales), hay que tener más decencia, hay que disimular un poco más.

            En un par de días partiré hacia Alemania. Espero el clima allá me reciba con los brazos abiertos y una temperatura razonable. Si no lo hace, estaré condenado a asarme por igual con gente que ni siquiera habla mi idioma.


A mis lectores
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Seria bueno saber quien me lee y cuantos son. Propongo que todos aquellos lectores asiduos que haya por ahi comenten este post..)

Portuguesidades
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En realidad el mundo que describía Bradbury en sus Crónicas Marcianas era Portugal. La tierra de la gente bonita de piel dorada y ojos azules que se ahoga en cerveija porque hace demasiado calor y luego en bica para estar sobrios. Es bueno saber que sí hay países de habla latina (o ibérica en dado caso) que sí distinguen entre las letras v y b. Aunque parezca un detalle sin importancia, me hace sentir mejor. El habla de estos extraterrestres europeos es casi cantada. Fluidez melódica, armoniosa. Es la lengua del mar, el calor, la playa y la constante fiesta, como lo es el Dia do Santo Antonio. Puestos cerveceros en cada esquina (o incluso más frecuentes), hordas inmensas de gente emborrachándose en las banquetas y los carriles automovilísticos por igual, y acompañado todo siempre de música. En algunos lugares más tranquila, en otros más rápida, juvenil, algo folclórica, pero nunca en déficit.

            Caminaba esa vez sudado entre la gente trepando las calles lentamente hacia el castillo medieval que estaba en lo más alto de la ciudad. Hacía un calor detestable y casi no soplaba el viento. Siempre me gustó ver a la gente. Observarla y tratar de aprender algo nuevo con cada mirada. Mi garganta se deshacía y sangraba por lo fuerte de los cigarros y lo frío de las bebidas, las cuales no podía abandonar ni por un momento pues se calentaban y se hacían, como la temperatura, insoportables. Alguien me llamó por mi nombre. En un lugar tan alejado de casa era una coincidencia bastante fuerte. Incluso mayor fue ver cómo el tipo al lado mío volteaba rápidamente y sonreía tras ver una cara conocida entre las olas humanas. Después de todo no era yo la presa del llamado.

            Cuando por fin alcancé la fortaleza en el cerro empinado, resultó que estaba cerrada y tuve que bajar de regreso con unos veinte decepcionados más. Paradójica pregunta, ¿a dónde ir para divertirme de en medio de una fiesta de gigantescas proporciones? Y la respuesta era inimaginable. No conocía a nadie y nunca fui lo suficientemente sociable como para acercarme a conocer gente nueva. Me pare en un puesto en la Rua das Ortencias y ordené otra cerveza. Prendí otro cigarrillo. Mientras menos estoy ocupado, más fumo. Es una axioma impresionante. En todo caso, morir de cáncer pulmonar es mejor que seguir pensando en lo mismo. Un tipo de unos veinticinco años se paró al lado mío y prendió un cigarro también. La cajetilla era de Popular, tabaco cubano del más corriente y fuerte.

-        ¿Eres de Cuba? - le pregunté gritando.

-        Mexicano, pero vivo en la isla, - contestó algo asustado y añadió, - ¿Y tú también? ¿Por qué tan lejos de casa?

 

En cuestión de minutos ya estábamos sentados emborrachándonos con vino corriente en un lugar llamado Taberna y acompañados de sus compañeros de viaje. Jalábamos humo de tabaco nerviosamente entre carcajadas, veíamos a la gente que había alrededor, brindábamos por todo lo que puede ser expresado con palabras. El problema surgió realmente cuando empezámos a hablar de México. Resultamos ser de la misma pequeña ciudad provincial y como en toda ciudad provincial, prácticamente todos conocen a todos al menos de vista o de oído. Yo anduve con su hermana y me dejó sin razón aparente. Las risas terminaron y llegó un silencio incómodo que rompí preguntando “¿y cómo está ahora?”.

-        Creo que bien, - me díjo. - Ya lleva meses con su nuevo novio y yo sigo sin poder acostumbrarme. Es algo falso el tipo ese. ¿Cómo la conociste?

-        Fuimos juntos a la universidad. Misma carrera, mismo semestre. Hubo química e incluso la sentimos los dos primero, pero luego se alejó y yo trataba de acercarme. Anduvimos muy poco tiempo al principio de la carrera y, como te imaginarás, la tenía que ver casi todos los días. Fue difícil vivir así por tanto tiempo. Luego me acostumbre, pero de repente se me metían ideas locas.

-        Te digo de una vez. Mejor olvídala. Ahí ya no tienes nada. Ya soy tío.

-        La gota que derramo el vaso, ¿eh? - dije sonriendo, pero la sonrisa me salió demasiado agria, como leche cortada.

 

En total pasé 2 meses viajando por Europa ese año. Aparte de Portugal visité Inglaterra, caminé por el Westminster Abbey, me tome una foto en la Abbey Road, justo donde se la tomaron los Beatles, de ahí me fui en barco a Francia, me subí a la Torre Eiffel, visité el mausoleo de Napoleon y EuroDisney, en tren llegué a Holanda, a Amsterdam y volé durante varios días sin moverme del Coffee Shop más que para ir a otro en cuanto cerraran. Fue un buen momento. Comprendí en mis viajes lo que nos hace realmente la hierba-mala. Cada vez que fumo siento que mi cerebro se agiliza a costa del cuerpo, que puedo pensar y comprender el universo, el infiníto, pero jamás puedo ligar lógicamente las cosas que escribo mientras vuelo. He ahí el truco y de donde sale el verdadero gusto. Creemos ser genios bajo el efecto, pero en realidad no tiene sentido nada de lo que digamos o hagamos y solo nos damos cuenta de eso absolutamente sobrios. El problema es, que nos rehusamos a creer que todo lo pensado fue en vano.

            Al final de los dos meses andaba yo en Weimar, Alemania, ciudad donde Adolfo Hitler dio uno de sus más famosos discursos desde el balcón de un pequeño hotel en la plaza principal. Lo único que queda de recuerdo es una minúscula placa conmemorativa y dos gigantescos cementerios: uno de soldados soviéticos y el otro de judíos. Debo decir que la ciudad es hermosa y que aparte los alemanes generalmente temen a los turcos y a los latinos. Ese miedo hacia los primeros es fácilmente explicable. Después de la Gran Guerra estos eran importados en cantidades industriales a Alemania para reconstruir el país y luego, cuando todo estaba reconstruido, no se pudieron deshacer de ellos. Ahora los turcos son la plaga, la peste negra. Son muchos, no se educan bien, asaltan, secuestran, roban y ensucian. Pero los latinos, ¿por qué? Es lo que nunca pude explicarme. El punto es, que nadie se atrevía a verme mal por el temor a ser golpeado, supongo. Cuando por fin llegue a México estaba tan cansado como nunca de escuchar idiomas extranjeros que se mezclaban y hacían mi cabeza hincharse. Pude haber besado el suelo del aeropuerto y no lo hice solo porque estaba muy ocupado fumando con una sonrisa idiótica en la boca. En la aduana no me preguntaron nada, solo me sonrieron nerviosamente en respuesta. Con ojos de demente fui corriendo a comprar mi boleto de camión y le hable en español a todo mundo. Y todos me entendieron, y me regocije en la felicidad de ser comprendido. Llegue a casa y antes de poder hacer cualquier otra cosa, caí presa del cansancio en mi cama.

            Desperté la tarde siguiente tras haber dormido unas 18 horas. Después de todo puedo entender a mi padre, quien siempre que viajábamos juntos se quejaba de que no podía dormir en un avión y yo me dormía el viaje completo. Ahora lo comprendo. El asiento de avión es uno de los lugares más incómodos para dormir.

            Faltaban aún un par de semanas para regresar al trabajo, así que saqué mi pequeña libreta de teléfonos y direcciones y empezé a marcarle a mis amigos, cuyas caras me daban tanto asco antes de irme de vacaciones. Sí, otro punto importante, me cansé de la gente y por eso me fui a Europa. La mitad de todos estaban en casa de la familia, o en la playa, o simplemente tenían sus móviles apagados. Al final, pude ponerme de acuerdo con unos cuantos de ellos y quedamos de vernos en el bar de siempre, en el mero centro. No era muy conocido y eso lo hacía más especial y más nuestro. Nos tomamos unas cuantas cervezas, unos cuantos tequilas, nos fumamos unos cuantos habanos hablando de las grandes dificultades de la vida, mujeres por lo general, y al final terminamos riéndonos de nuestras viejas aventuras con las drogas y el alcohol, de cuando aún no sabíamos controlarnos. De pronto sentí algo vibrar en mi bolsillo. Mi cerebro, ya suficientemente embrutecido por los estupefacientes consumidos, tardó unos cuantos segundos en entender que era el celular. Lo saqué, presione el botón verde sin mirar quién llamaba y dije “¿bueno?” con la boca semi-dormida. Era ella. Me sentí perseguido, acechado, un poco feliz por un momento. Después prendí un cigarro y le conté de mi viaje, de las aventuras, de los lugares y me liberé.

            There was kindness and then there was she. Not that she was specially kind, though, but she was.



Un poco de verdad
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Hoy se me ocurrio escribir las razones verdaderas de la felicidad que mostre con el principio de las vacaciones. No es el hecho de no tener que ir a clases, tampoco el hecho de viajar a Portugal, a Alemania, no es porque no haya tarea, ni tampoco por no tener obligaciones. Es solamente por no ver sus caras. Sus inmundas caras que me acompanan dia tras dia en la escuela, paseando en el centro, en alguna tienda. Sus ojos que me siguen a todos lados y parecen tratan de quemarme con la mirada. Sus voces asquerosas que debo soportar en todo momento, las sonrisas y saludos falsos que debo darles tan solo para que no tengan una razon mas para hablar de mi a mis espaldas. He comprendido al fin que los odio a todos tanto, que pense que me odio a mi o a alguien en especifico. Son ustedes personajes infames, desagradables, faltos muchas veces de caracter o de sentido.
Creo que eso era todo lo que iba a decir.

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