El pozo de los ismos

De lo aparente e inevidente

Todos los malditos días
[info]kraeugolnikov
Con ayuda de mi hermano Eloy

La ciudad es un estruendo de aceite
humo, tabaco, mezcal dulce
luces que pellizcan amargas.
Las calles para reir
hacen que a ratos las maldiga.
Libros viejos
hambre
esquinas
lluvias negras
sobre charcos que destilan arcoiris.
Y por encima de todo:
cientos,
miles,
pilas enteras,
de mujeres,
muertas.

Hate day
[info]kraeugolnikov
Ha pasado mucho tiempo desde mi promesa, en este mismo medio, de no volver a publicar algo que no sea, al menos, cuasi-literario. Tendiente a la literatura. Pero hoy es un día especial. Hoy me he dado cuenta, por enésima vez, de que es posible que mi carrera sea un desperdicio de mi sanidad mental. La ineptitud de la gente que me rodea, sus futiles intentos de escribir una (UNA) oración coherente en un trabajo de 36 páginas que, supuestamente, debe terminar siendo un manual para expatriados mexicanos que van a trabajar a la India, sus estúpidos (no pendejos, porque "estúpido" tiene más feeling) errores de ortografía, gramática y puntuación, y el simple hecho de que estudian Relaciones Internacionales, están en noveno semestre y no tienen ni la más mínima idea de cómo redactar, terminaron, hoy, por castrarme las pelotas. Hoy he vuelto a ser lo que en primeros semestres mi profesora de sociología/directora de carrera llamaba "stalinista". He vuelto a pensar hoy en la sensatez de los fusilamientos masivos en base a la densidad comparativa de las neuronas en los cerebros de la población humana. O tal vez selección natural. Como propone Louis CK, con leones en todos lados. "We should reintroduce lions into human society".
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Fly over.
[info]kraeugolnikov
Riéndome solo, en el sofa, escuchando The Brian Jonestown Massacre. Y la música tan lenta, y la luz ténue de mi pantalla, con un tono azulado, iluminando mis dedos, que se movían como pequeñas larvas por sobre el teclado. Y mis gluteos, y mis pantorrillas (¿o lo opuesto?) están esforzandose como por fusionarse con mi espina dorsal, como si trataran de meterse en ella. Es música tensa, anormal, loca, y por eso la fuerza se convierte en una necesidad, por eso hago fuerza con mis músculos. Y ahora es aún más lenta, con una voz desalineada y guitarra muy aguda, rara, un poco cortante, pero me recuerda algunos sonidos de Sigur Ros, con el bajo prominente y lento, como las ballenas, y la especie de maraca-panderos. 

JP está en la cocina, suspirando y moviendo cosas, del refri, del lavadero, a la mesita-de-cortar-cosas. Los sonidos son simples y ahora de repente mis músculos en lo de abajo de las piernas (los pies, ) se contraen fuertemente, porque sentí que me estaba desconcentrando.

El sonido de ésta no es tan amigable... No es ni siquiera melancólico o nostálgico como el otro. Ésta canción era depresiva. De crisis.

Y la siguiente es una joya leeeeeenta con guitarra muy sutil, con bends, y de repente, en dos jalones de aire con la nariz, sentí su perfume. Es como si sonaran las estrellas en esta canción, junto con la guitarra acústica de fondo, y parece que el cielo ya empieza a iluminarse con los primeros rayos de sol de la madrugada, pero es la música la que altera mi percepción auditiva y visual. Y ahora mis manos parecen una animación gif con muy pocos frames, moviendose rápidamente, como unos insectos animatronicos de los 90's, como en Man in Black, por sobre las teclas de mi teclado. Y la canción acaba. 

Aquí empieza una guitarra un poco más pesada, con palm-muting, que me recuerda en conjunto con los demás instrumentos, algún momento de la música de "Cossacks: Art of War".

Es como si yo estuviera detenido en el tiempo junto con esta rola. Como si en el elevador de tiempo, me atorara con una cinta magnética en un walkman con esta rola. Fui a ver el nombre. "Wisdom" de los mismos "Brian Jonestown Massacre". Es absolutamente increíble. Pero sí, es como si el tiempo fuera un rascacielos, y yo fuera en el elevador, surcando los años, con una cinta magnética con esta única canción grabada. Y mientras la reproduzca, el tiempo fuera no sigue su curso. Es mi pequeña máquina para alentar el tiempo.

Ahora la canción cambia a algo más oscuro, lento, triste. Es raro pasar a esto, pero de alguna manera es perfecto. Es la música del bluesero en el hotel. Del escritor frustrado en un cuarto sucio de Las Vegas, bebiendo a litros por su proxima muerte por cirrosis (Nicholas Cage). Algo de "higher"... "and i ask you why, why, i feel so bad, bad". Es increíble. Hasta ahora, ésta música ha superado todos mis trips anteriores.

El efecto de la hierba se está acabando. Tengo la garganta reseca y escucho a los perros, el pavimento bajo las llantas de los autos, los grillos y la respiración de JP. La música es trágica. Refiere a un bosque oscuro, en la época de quema de brujas en Estados Unidos, donde en cámara lenta, altísima definición y tonos azules, una bola de gente está linchando a alguien. O, mejor dicho, llevando a alguien a matar al bosque. Es como si una voz inexperta estara cantando canciones folclóricas sobre muerte y luto. Se está disculpando por algo. Y en el puente, con guitarras sutiles y el pedo, de fondo se escucha como si un teléfono llamara. Y ahora parece un Thermin (la cosa de los campos magnéticos). Suena un poco a Pink Floyd, un poco como Atom Heart Mother.

Y esta siguiente canción tiene el sonido que antes llamé estrellas, pero por ser mucho más cálida la música, se oyen como botellas con pociones de un poderoso druida celta, en un bosque dibujado en tonos anaranjados. De pronto, entra un guitarra eléctrica deliciosa, que es como... Fuck... El pedo se me va estrepitosamente, con estremecidad. ("As beautiful as you aaaaaare").

The Brian Jonestown Massacre - Crushed. Siento que la música ya no está tan alta como hace rato. Seguramente es la canción.

Como un heroinómano, sentado con brazos esqueléticos en una esquina, en el último sillón sin vender, con una mesa y una silla en otra esquina del cuarto y una bicicleta en medio, en el suelo sucio. Llegan los vecinos en su auto y se van a su departamento, al otro lado de la pared.

Ahora la música es como una colmena de abejas eléctricas, guitarrosas, que están cada vez más cerca, como en una película, cuando en medio del día plagado de colores brillantes, la cámara fuera acercándose lentamente a un punto lejano. Sin relevancia para con la historia; sólo como un punto enfático del paisaje. Todo eso, pero en la música. Ahora es como si alguien estuviera cantando al mismo tiempo. Hasta que todo se vuelve tenue e incierto. Los últimos sonidos, como ecos de algo muy lejano en el tiempo y en distancia física también. 

Es curioso cómo el tiempo sigue corriendo lento con la música, aunque los sonidos externos se están acelerando. Según mi trip sobre las dos dimensiones, una rápida y una lenta, se explica con el espejo. Si antes el espejo era la única barrera entre mi dimensión y la acelerada, ahora mi percepción del tiempo se va reduciendo en el universo. Osea, el universo de mi tiempo se está contrayendo. Es curioso también cómo de palabra a palabra cambia mi percepción de lo que escribo y me pasa por la mente. De repente me parece genial, y luego-luego es estúpido. It's wearing off now, ma' man. It's almost time to go home. Ahora creo poder entender mejor (o tal vez después de releer todo esto mañana) el libro de "8 o'clock" o algo así. Ahí, el libro es un torrente de pensamientos bajo los efectos del ácido. Yo, por otro lado, tripeo con substancias más ligeras, más buena onda.
Ya casi nada queda de los movimientos fractales de hace un par de horas, cuando me sentía угловатый, angulado, raro. Sentía que mis uniones entre los huesos tenían angulos rectos, cerrados. Iba a cambiar la música por Jimi Hendrix, pero lo escucharé en el auto. Toca pronto. Esta guitarra, acústica con eléctrica, es perfecta para el momento de relajamiento después de la gran cúspide del vuelo.

Quiero olerla con esta música. Besarla como si fuera la última vez, pero no de manera apasionada en términos sexuales. Apasionadamente nostálgica, tal vez. Es triste por ser la última vez, pero a la vez es un paso necesario. Creo que estoy cumpliendo ahora con eso que me dijo mi madre, de la mujer que a diario escribe unas tres páginas, para mantenerse en forma y seguir encerrando a la bestia del censor interno.

Acabo de imaginar a un tipo, parecido a Vlad, de playera clara y chamarra de piel, con un sueter negro en la mano, a modo de toalla de mesero de restaurante nice, del otro lado de la ventana, entre garrotes y las manchas de luz en la pared del otro lado de la calle. Ahora suena una harmónica y una guitarra bluesera impresionante. Ya siento los últimos trozos de mente drogada escapando de mi cabeza. Pronto me quedaré a solas conmigo una vez más. A solas con el yo que conoce el mundo exterior.

Ahora, con el trago de cerveza, mi cabeza no se siente tan bien como hace momentos. Siento pulsaciones dolorosas en las sienes. Y también, he sentido en las últimas horas que cierro demasiado fuerte los dientes. Esta canción es perfecta para terminar esta noche. Iba a irme cuando terminara, pero ire al baño ahora y luego la pondré en el auto. Debo escucharla en carretera.

Безымянный 1
[info]kraeugolnikov
El gran problema era el olor a su perfume que se impregnó en el asiento de copiloto, o en mi propia mejilla, o en la chamarra que llevo puesta. Nunca se puede estar seguro del lugar exacto. Pero el hecho es, que mi nariz debía ser cuidadosa de no perder esa línea imaginaria que traspasaba mi auto y que servía de magistral para el aroma tan peculiar que los cabellos mojados de ella lograron plasmar en algún lado.

Codificado
[info]kraeugolnikov
 A veces, las bestias ancestrales despiertan de su sueño con un gran bostezo y una sonrisa en la boca, que aunque muestra sus afilados dientes, no da más miedo que la de un simple gato. Luego resulta que sus grandes colmillos son un problema de nacimiento, con el que han peleado toda su vida y que, en realidad, les hace sentir mal y por eso mismo rugen. Resulta que algunas bestias son gente muy agradable, que lejos de tratar de asesinar a uno constantemente, no buscan más que hacer amigos, o íntimos, pero de la manera equivocada. También somos nosotros quienes, en nuestro constante afán de sentirnos en lo correcto, los interpretamos de formas equívocas y hacemos que nos rujan aún más. Es años después que nos damos cuenta, en un segundo encuentro, a la hora de la revancha, que temibles nunca fueron y que, mejor pensado, los hicimos feroces nosotros. A reentablar, pues.

Apunte de viaje #6
[info]kraeugolnikov
 La noche se estampó contra mí con el cantar de la suciedad rusa. Sus voces ebrias en el autobús, que insistieron en seguirme por el laberinto del parque de Ostheim, donde los turcos controlan el dinero, hasta ese lugar oscuro, detras del estacionamiento, donde el primero de ellos gritó obscenidades y el segundo las recibió con un ladrido complacido. Fue sólo el tercero quien se atrevió a correr hacia mí, botella en mano, tratando de intimidarme con el sonido de sus botas de obrero malnacido. Y yo corrí hasta que no pude más, que fue poco, en realidad, pero mucho para un fumador usual. Cuando me alcanzaron, decidí no ceder mis libros, que ellos de todas formas no entenderían jamás, y pelear cuanto pudiese. Y peleé, sin saber lo que hacía, como me enseñaron años atrás. Cuando me recobré, estaba solo, en esta sala de interrogatorios, viéndolo a Usted a los ojos, Herr Polizeirat.

Como en todo, un mal paso puede traer graves consecuencias. Fui sentenciado a tan solo 10 años en una prisión para dementes, a pesar -o, tal vez, por culpa- de la cara pálida que traía el fiscal cuando hablaba de brutalidad y crueldad extrema en el asesinato de esos finos caballeros. En la prisión se piensa, y en una Klapsmühle, si no se piensa, se muere rápido por dentro. El cerebro es un reflejo, en realidad, de todo lo que representa el ser humano. Un apéndice vivo de algo mayor, capaz de adaptarse a cualquier situación, sin importar las precarias condiciones. Luché durante esos años por no adaptarme. Por no dejar salir al animal, disculpará usted mi metáfora vulgar, que tengo dentro, que tenemos todos, y no ser obligado a quedarme más tiempo. Los locos debían convertirseme en ratas vestidas de blanco, sin más propósito que el experimentar. El papel no me lo dieron de inmediato, por supuesto, sino después de ver los rayones amontonados en los muros de humilde cámara. Insistieron en leer cada anotación que hiciera, así que el texto debía estar oculto entre líneas, como en el fragmento que tiene Usted en sus manos. Estoy seguro que no es necesario explicarle cómo leerlo, pues es muy simple para no haber sido ya descifrado por sus compañeros.
En un inicio, no era tarea fácil idear una forma de mantener mi mente en movimiento con toda la podredumbre humana que había alrededor, pero poco a poco comencé a trazar paralelos entre mi propia psique y las acciones de las ratas más enérgicas de la camada. Sus reacciones a los irritantes externos, como yo, se volvieron predecibles con el tiempo y la documentación apropiada. Sus movimientos por los pasillos, agarrados de las paredes y, los más cuerdos, de las enfermeras, pasaron de ser caóticos a tener una profunda explicación en base al instinto. Verá, lo gracioso es que (risas)... Lo gracioso es que yo también respondía así a los irritantes externos, pero no me daba cuenta hasta no tener las horas del mundo para observar. Los médicos me ponían en ejemplo a los lunáticos por verme sentado el día entero en un rincón de la sala común tomando apuntes. Les dije, claro, que escribía la novela más gloriosa jamás publicada, que narraba la historia del profeta Kinski en el plano espiritual, en donde al fin se unificó con sus imagenes pasadas, tan mal recibidas por la sucia e irreverente humanidad. Basura, pero convincente. Ahora, herr Polizeirat, me gustaría pedirle un enorme favor, ¿puedo? Sólo dígale a alguno de sus camaradas que me acompañe al baño, ¿sí?

Apuntes de viaje #4 y #5
[info]kraeugolnikov
Hans está sentado ahora, en medio de la enorme calle comercial, Kristofer Strasse, debajo de un farol. Es un punto estratégico por muchas razones, pero lo eligió solamente por el hecho de ser, ahí, más visible para los transeúntes que en cualquier otro lugar de la cuadra. La cuadra misma, claro, tampoco la tomó por casualidad, sino porque las tiendas más visitadas, las mejores, se encuentran alrededor de ese mismo farol. Hace años que Hans no se mueve de su lugar si no es para cumplir con sus necesidades fisiológicas más básicas y eso, no sin antes pensarlo. Hans no siempre ha sido el hombre de mirada perdida que aparenta ser ahora. Sus ojos, lúcidos y brillantes, repasaban las líneas más difíciles del Ulises de Joyce o de la Rayuela de Cortázar de la manera más racional, comprendiendo a la perfección la forma y el fondo de las oraciones, todas las sutilezas que el autor tenía en mente al trazarlas. Pero es hace años que el entonces joven austriaco perdió la luz de su vida, todo por culpa de un cuento de no más de unas cuantas páginas, que insistió en acabar de corrido para no pausar la experiencia literaria. El café en el que estaba con Klara, estaba en una de las calles que cruzan la principal, a tan solo media cuadra. Ella le dijo que deberá alcanzarla en la gran zapatería de cristal que hay a la vuelta de la esquina y él le prometió que en cuanto acabara de leer, le daría el último gran trago a su café y la alcanzaría ahí con más fuerzas de continuar con el frenesí consumista. Así, la vio por última vez, alejándose rápidamente, con su peculiar forma de caminar, moviendo los hombros y las caderas al mismo tiempo, un poco masculina, pero también suave y ligeramente frágil. La perfección hansiana. Al terminar el cuento, el hombre sonrió y decidió, después del trago último de café y de pagar la cuenta, que lo primero que le diría a Klara al verla sería cuanto gustó del texto. Comenzó incluso a imaginarse las palabras exactas con las que se lo diría, la mirada sonriente que recibiría a cambio. Caminó al cruce y miró a sus lados sólo para percatarse de que, en realidad, todas las tiendas podrían llamarse de cristal, todas y cada una eran grandes, y la mitad – zapaterías. Recordaba que ella le mencionó algo de una tienda específica, que estaba a su mano izquierda y que era en donde siempre compraba sus zapatos. Hans entró a todas las tiendas en su camino. Primero tranquilo, seguro de que el destino, de una u otra forma, lo llevaría a su amada. Luego desesperó, corriendo de un lado a otro de la cuadra y pensando que ella no pudo alejarse tanto, que debía estar por aquí cerca. Las violinistas, dos estudiantes del conservatorio que tocaban en la acera para hacerse de unos euros, ya lo miraban con ojos inquisitores, ya lo reconocían perfectamente en su frenética búsqueda, que, al final, no dio resultados. Cansado, Hans decidió que se sentaría en mitad de la calle a esperarla pasar y eligió el lugar más visible, a los pies del farol más céntrico de por ahí, rodeado de zapaterías grandes y cristalinas. El hambre que comenzaba a sentir no fue un impedimento, pues los cigarrillos sobraban por ahora y tenía miedo de que si se alejaba, Klara podría pasar buscándolo sin siquiera pensar que el estaba sentado hace unos momentos en ese preciso farol. Así pasó la primera semana, sin comer ni pasar a un baño, sucio, sentado en el aro de luz amarillenta, como un ser iluminado por rayos celestiales. Y aunque hubo gente que se le acercó tras ver su mirada maniática, que buscaba hambrienta a Klara entre las filas de compradores, a preguntar si se encontraba bien, él sólo meneaba la cabeza y decía que perdió al amor de su vida, que es algo que la mayoría interpretaba como un hecho trágico, pero sin relación alguna con la calle transitada en la que se encontraban. Buscando se pasó los meses, con un gorro en frente, lleno de monedas que le aventaban los pasantes. Un día se le ocurrió que debía hacer ruido, para tener más presencia entre la gente, así que consiguió dos botellas de vidrio y una de plástico y comenzó a golpetearlas rítmicamente, llamando la atención de los que no le interesaban. Ahora, Hans es un músico callejero. La melodía de Lambada, que aprendió a tocar con botellas medio llenas, medio vacías de agua se reconoce en el mundo entero como un himno al amor perdido entre los conocedores de su historia, y como una ocurrencia curiosa entre todos los demás.

***

El vacío es absoluto. La música y los clientes gritan, pero la letra de ésta canción no parece mía. Hay gritos y bailes por todos lados, y los gritos, los alaridos se vuelven insoportables y el alcohol no es tan bueno como hace unas horas. Música latina, voces alemanas que gritan y se insultan, y dicen que no toques cuando lo quieres. Canciones latinas, y Shakira, pero no se entiende nada y sólo el sudor escurre.

Nota: El último párrafo fue escrito en medio de la pista de baile del “LateNightClub” cerca de las 4 de la mañana, después de haber ingerido una considerable cantidad de alcohol, cuya variedad comenzaba en las cervezas y terminaba en cocteles como “Apocalyptic”.

Apunte de viaje #3
[info]kraeugolnikov
 Enhorabuena, tío, que una nueva musa negra me ha nacido. Otra vez, como antes, me retuerzo en lo más profundo, lo oscuro, como una larva exótica buscando la luz. Como, tal vez, el potencial gusano que se mueve y me pica bajo la piel de mi labio superior, que se infló hace unos días bajo mi bigote y que, rompiendo la piel a patadas, trata de escapar de esa prisión de sangre y vísceras. No tengo idea de lo que pueda estar escondiéndose en ese laberinto de tejidos vivos, pues descubrirlo implicaría afeitarme el bigote y yo, desde que nació la musa, me prometí no afeitarme más. Tal vez muera, engullido de adentro por un ser que la ciencia no ha visto aún, o que mantiene en secreto para que no cunda el pánico, explicando la anómala muerte por cavidad interior con un simple asesino serial y una aspiradora de titánica fuerza, como la que recomienda el barbudo puñal de la televisión. Y como la televisión nunca miente, ni siquiera cuando habla de los extraterrestres, del chupacabras, de los marineros perdidos 9 meses en alta mar -con vida aún-, la gente sabrá que fue, en realidad, un asesino y se sentirá incómoda cada vez que suene el motor de una aspiradora en algún lugar cercano. Pensarán, nerviosamente, que tal vez es hora de irse a casa, o, si están en la calle, tal vez sea hora de entrar corriendo a alguna casa, no importa cuál, con tal de no estar cerca de la Super-Ultra-Hiper-Sucker 10500, con un precio especial de tan sólo 56 pagos de 799 pesos. Pero algún día, cuando la musa negra muera conmigo, ingerido por el parásito que vive en mi labio superior, tal vez ella, que lo sabe todo, alcance a trazar unas palabras en la tira de papel que moriré mordiendo, que desmientan los mitos terrenales. Y sé bien que será incinerada, la tira digo, por los mismos que mantengan el secreto, que me cambien el nombre incluso, pero dirá la verdad. Las musas no mienten.
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Apunte de viaje #2
[info]kraeugolnikov
El aire, como dicen, no es lo necesario para el que se anhela escritor, sino el tabaco. Y así, las cenizas caen como piedra sobre la telaraña de la esquina y forman dibujos mágicos, que lejos de relatar fábulas con moraleja, hablan mas bien de la desdicha que sí existe. La decídia del momento deprimente, de la condescendencia hacia uno mismo. Tratan de contestar a la pregunta clásica de la literatura clásica de la Rusia Imperial clásica; ¿qué hacer? Pero, como pasa a menudo con cualquier intento, fallan miserablemente. Así mismo fallo yo en mis intentos por mantener el status quo en la felicidad. Es un arma de dos filos, ese sentimiento de plenitud total, de balance kármico y un bienestar total. Por un lado, todos queremos estar satisfechos en la vida, felices de levantarnos cada mañana y bostezar al lado del ser querido justo antes de plantarle un beso en los labios y ducharnos, listos para ir a trabajar en algo que nos apasione. Pero por otro lado, también, al mantener ese preciso estado de plenitud por un tiempo prolongado, nos cansamos. Nos falta la adrenalina del exhaustivo luto espiritual y rompemos relaciones diplomáticas con todo aquello que nos era tan cómodo durante tantos meses, si no años. Y luego, en nuestra nueva búsqueda de la felicidad, en medio de un choque psicológico interno y una explosión masiva de creatividad, añoramos los días del status quo, en que las cosas eran más fáciles, más delicadas y simples. Las horas que pasabamos sin tener que pensar en cómo cambiar el pasado.
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Apunte de viaje #1
[info]kraeugolnikov
           El sonido del foco me recuerda a una mosca atrapada en un vaso de cristal bocabajo. Una de las cosas que se hace cuando se es pequeño. Atrapo a una mosca y la pongo en un vaso volteado sobre la mesa, viendo cómo lucha por escapar, por sobrevivir. Cómo pelea por su propia vida. Aunque tal vez la mosca no luche por nada y sólo siga una especie de instinto que le fue dado con su propia aparición, como parte de su génesis, para tratar de mostrar su descontento con las acciones de un niño sádico como todo niño. Ahora el foco se apago, por fin, dando término a la vida de la mosca imaginaria. Al final, todo esto es un vaso de cristal y la mosca soy yo. Filosofía barata, sí. Pero también una prueba del juego, ese ente indescriptible de cuya existencia traté de convencerte tantas veces, en medio de tus lágrimas y tus sollozos, y tu desesperación y “no me entiendes”. El cigarro que ahora muere entre mis dedos y en mis pulmones es también fruto del trabajo amoroso de dos partes, que morirá por culpa de algo que no puede controlar, pero se esfuerza. El cigarrillo respira oxígeno y exhala dióxido, como tú y yo, pero no vive anhelando una vida mejor. Sólo vive para ser ingerido por algo superior, como nosotros. Todo tiene un principio y un fin, pero rara vez hay algo que renazca, como se dice del Ave Fénix, de sus propias cenizas. Estamos todos acostumbrados ya a que lo que existe es finito, pero hay tantas cosas que no deberían. Las cervezas y las frutas exóticas, los cigarrillos cubanos y las noches sin sueño, la gasolina en el tanque y las pláticas amenas. Así tampoco quisiera que te me acabaras tú. Pero como ya acabaste, quiero verte nacer de tus cenizas, sonriendo una vez más, coqueta, cuando te hablo de nimiedades. Las asoleadas en las playas imaginarias de España y las naranjas que aún hay que recoger. Quiero que renazcan las caricias en los lugares prohibidos por las cámaras de circuito cerrado y los guardias de seguridad. Quiero que reaparezcan los andares sin rumbo por caminos empedrados. Y aunque alumbres ahora en otros parajes, quiero verte gritar, en el mástil más alto, tierra en el horizonte desde el horizonte.
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